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¿Cómo comenzó la práctica de usar uniformes quirúrgicos?

En esta publicación les diremos cómo fue que se comenzó con la práctica de usar uniformes especiales, para el personal de cirugía dentro de los hospitales. No olviden contactarnos si desean adquirir los mejores uniformes quirúrgicos, sin más que agregar, ¡Comencemos!

Los cirujanos requieren de diversos elementos para poder llevar a cabo sus funciones, entre los que destacan los uniformes, pues son piezas que inevitablemente asociamos al personal quirúrgico, es decir, se convirtieron en un signo distintivo de esta noble profesión, enfocada en ayudar a las personal con dificultades de salud. Pero, ¿Cómo comenzó esta práctica?

Los uniformes quirúrgicos, tal como su nombre lo indica, son la ropa sanitaria que usan los cirujanos, las enfermeras, los médicos y otros trabajadores que participan en la atención de los pacientes dentro de los hospitales, estos fueron diseñados originalmente para ser utilizados por los cirujanos y demás personal de la sala de operaciones, los cuales tendrían que esterilizarse previamente antes de realizar alguna cirugía, sin embargo, en nuestros días son usados ​​por muchos miembros del personal del hospital.

Su uso se ha extendido también fuera de los hospitales, en entornos de trabajo donde la ropa puede entrar en contacto con agentes infecciosos (por ejemplo, en veterinarias, centros dentales, industrias químicas, etcétera). Estos uniformes, conocidos también como “matorrales médicos”, están diseñados para ser simples (con detalles mínimos para que no haya cabida al ocultamiento de contaminantes), fáciles de lavar y económicos de reemplazar si llegan a dañarse, o mancharse de forma irreparable.

Hablemos a continuación, un poco sobre la historia de los uniformes para cirugía, a diferencia de los uniformes que hace mucho tiempo requerían las enfermeras, los cirujanos no usaban ningún tipo de prendas especializadas, hasta bien entrado el siglo XX.  En estos tiempos, los cirujanos usaban su propia ropa, o llegaban a presentarse en las salas de operaciones con un mandil de carnicero para proteger su ropa de las manchas de sangre.

A ello cabe agregar que operaban con las manos desnudas, así como con instrumentos y suministros no esterilizados, para dar cuenta de la magnitud de tales acciones tan negligentes, no está de más mencionar que las suturas de tripa y seda se vendían como hebras abiertas con agujas reutilizables y con rosca manual, asimismo, las gasas de embalaje estaba hechas de la basura del piso de las fábricas de algodón.

En contraste con el concepto que tenemos actualmente de las cirugías como una profesión que enfatiza la limpieza y la esterilización, hasta principios del siglo XX la marca de un cirujano ocupado y exitoso era la profusión de sangre y fluidos en su ropa.

A principios del siglo pasado, la importancia del vestido como distintivo de la clase o profesión de uno en la sociedad era primordial, asimismo, los procesos detrás de las transmisiones de las infecciones fueron objeto de controversia dentro de la profesión, por ejemplo, con la pandemia de la “gripe española” ocurrida en el año de 1918, así como el creciente interés de las organizaciones médicas en la teoría antiséptica de Lister, algunos cirujanos comenzaron a usar máscaras de gasa de algodón durante las cirugías.

Sin embargo, esto no se llevaba a cabo para proteger al paciente de contraer alguna infección intraoperatoria, sino para proteger al cirujano mismo de las enfermedades que podrían padecer los pacientes, más o menos al mismo tiempo, el personal del quirófano comenzó a usar guantes de goma gruesos para proteger sus manos de las soluciones que se utilizaban para limpiar, tanto la sala de operaciones, como el equipo, una práctica que los cirujanos adoptaron de mala gana.

Ya en la década de los 40’s, los avances en la antisepsia quirúrgica (ahora llamada técnica aséptica) y las ciencias de las infecciones de heridas, condujeron a la adopción de cortinas y de batas antisépticas para su uso obligatorio en las salas de operaciones. Los instrumentos, suministros y apósitos se comenzaron a esterilizar rutinariamente por exposición a vapor de alta presión, o a óxido de etileno.

Originalmente, la vestimenta de las salas de operaciones era blanca con el fin de enfatizar la limpieza de los médicos, sin embargo, la combinación de luces brillantes para salas de operación así como los entornos totalmente blancos provocaron fatiga ocular para los cirujanos y el personal, a esto se debe que en la década de 1950 y 1960, la mayoría de los hospitales habían abandonado el uso de la vestimenta blanca de las salas de operaciones a favor de varios  uniformes quirúrgicos con tonos de verde, lo que proporcionaba un entorno de alto contraste, y permitió la reducción de la fatiga ocular y la mitigación de las salpicaduras de sangre roja.

Para la década de 1970, el atuendo quirúrgico ya había alcanzado su estado moderno, que continúa actualmente, siendo una camisa con cuello en V de manga corta y pantalones con cordón, o un vestido corto de manga corta, hecho de algodón verde o mezcla de algodón y poliéster . Sobre esto se usó un gorro de tela tipo corbata o de amarre, una gasa o una máscara textil sintética, una bata quirúrgica de tela o sintética, guantes de látex y zapatos de apoyo con punta cerrada.

Este uniforme se conocía originalmente en su país de introducción, EE. UU., como “greens quirúrgicos” debido a su color, aunque también se les llegó a conocer como “matorrales”, debido a que se usaban en un ambiente “restregado”.

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